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viernes, 11 de marzo de 2011

Estranguló a una joven con una cortina de baño


Imagen ilustrativo.
La pareja de la víctima encontró el cuerpo. El asesino había desaparecido de los lugares que frecuentaba habitualmente. Quedó detenido.

La Policía de la Provincia de Buenos Aires detuvo en un  Florencio Varela a un sujeto acusado de asesinar a una mujer en un hecho ocurrido el pasado 26 de enero en la localidad de San Francisco

En aquella
oportunidad, una joven de 22 años fue encontrada muerta en el baño de un departamento, estrangulada con una cortina. La pareja de la mujer, dio aviso a la policía, agregando además que había faltantes en el lugar.

Iniciadas las
investigaciones, efectivos de la DDI de Quilmes determinaron que la víctima había compartido una reunión con vecinos hasta que a  las 23 horas se dirigió a su pieza acompañada por un hombre que supuestamente le repararía su lavarropas. Luego del crimen, este individuo dejó  de frecuentar los lugares habituales.

Intensificadas las averiguaciones, se determinó que el sospechoso
era oriundo de la provincia de San Juan y que poseía averiguación de paradero por amenazar a una ex pareja.

Finalmente los investigadores establecieron que el imputado estaría trabajando en un
bar ubicado en la ciudad de Florencio Varela. Por tal motivo se realizó una vigilancia encubierta en las inmediaciones del negocio que culminó con el arresto del sujeto.

Posteriormente se confirmó que el hombre arrestado había huido de la provincia de San Juan luego de quedar imputado en la muerte de una menor de 17 años que fue encontrada estrangulada en un descampado.

Fuente: 24con

domingo, 6 de marzo de 2011

Los carritos del súper son más sucios que un baño público

La próxima vez que vayas al supermercado deberías llevar un limpiador antibacteriano para dejar bien reluciente el mango de tu carrito o ponerte unos guantes mientras haces la compra. 


Un estudio de la Universidad de Arizona, según recoge el portal de noticias Fox, afirma que estos carritos son más sucios incluso que un baño público. De hecho, solo en el mango, habría más de un millón de gérmenes.

El estudio de la Universidad de Arizona, viene a corroborar otros realizados anteriormente en Austria, Corea del Norte y España, y asegura que el 72 por ciento de los carros de la compra tiene bacterias coliformes, originarias de las heces y asociadas con malas condiciones sanitarias.

Además, el estudio va más allá y compara este dato con los niveles de contaminación en las instalaciones públicas. La conclusión es clara: Los carros de supermercado tienen unos niveles de contaminación muy superiores a las de los baños públicos.  /telecinco.es

domingo, 27 de febrero de 2011

¿Qué se llevan los huéspedes de los hoteles?

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Desde personas que guardan los jabones como souvenirs hasta otras más osadas, capaces de empacar un cuadro del salón, los turistas son protagonistas de insólitas historias

La primera tentación a la que se ven expuestos algunos viajeros al llegar al cuarto del hotel es almacenar en sus bolsos la mayor cantidad champús, acondicionadores, cremas, espumas, sales, jabones y todos aquellos artículos de tocador que estén a su alcance. En realidad, estos productos son considerados una cortesía y están para ser llevados.




En la misma situación se encuentran los kits para afeitarse y para lustrar los zapatos, los cepillos de dientes, los artículos de librería y las pantuflas que también pueden empacarse como un recuerdo de la estancia, sin incurrir en una conducta indebida, según publica el diario mexicano El Universal. Una cuestión discutible son las toallas, ya que hay establecimientos que consienten que pasen a formar parte del equipaje de los hospedados y otros que, en caso de detectar su falta, las cargan en la factura de consumos. Las que definitivamente no son un souvenir son las batas, ahí no hay justificación posible. Quien quiera lucir en el baño de su casa el bonito logo del hotel que visitó, deberá desembolsar su valor.




Estas cuestiones menores son cotidianas en la hotelería pero el listado de los artículos más hurtados es tan extenso como insólito. Adornos, alfombras, cortinas, almohadas, botellas de licor y hasta cables de internet son tomados como trofeos de guerra por algunos de los visitantes. Pero lo que éstos no tienen en cuenta es que, al registrarse en el establecimiento, proporcionan sus datos personales y hasta el número de su tarjeta de crédito, con lo cual no será muy difícil localizarlos y hacerles pagar su fechoría.


El periódico entrevistó a algunos directivos de hoteles en Argentina. Uno de ellos contó que un coleccionista de antigüedades compró todo tipo de objetos, estatuas y cuadro durante su visita. Cuando abandonó la habitación y la mucama entró a hacer la limpieza, se encontró con que el cuarto estaba algo desmantelado: faltaban las sábanas, las cobijas y las toallas que el hombre había utilizado para proteger cuidadosamente los objetos adquiridos.


Emilio Bissoni, director de Operaciones de un Sofitel rememora que una noche un huésped descendió hasta los salones del hall, descolgó un cuadro y se lo llevó al cuarto. Las cámaras de circuito cerrado grabaron su "osadía" y al instante los empleados fueron a tocarle la puerta, reclamándole la pintura. Al parecer su pareja lo había visto durante el día, le había gustado y se lo había pedido como regalo.


Otra anécdota cuenta que un visitante pedía el café en bandeja todas las mañanas a su cuarto, pero cuando las mucamas iban a retirar el servicio sólo estaba las tazas. Tras varios días de repetirse la misma situación, un mayordomo tomó coraje y al llevarle su desayuno, le hizo el comentario sobre las cafeteras que habían quedado olvidadas y que, seguramente, estarían muy sucias dando un mal aspecto. Pero el huésped negó haberlas visto. Un rato después se comunicó con el empleado y le dijo que no se explicaba cómo esos artículos de la vajilla habían quedado cerca de la pared, tapados por las cortinas.


Claro que nunca faltan los más ingenuos, como el caso de una pareja de recién casados que pasó por la conserjería para hacer el check out. La noche de bodas en el hotel había sido regalo de unos amigos por lo que sólo debían pagar los gastos adicionales. Sin embargo, el flamante esposo se sorprendió al ver lo que debía abonar. "Son los consumos del refrigerador de la habitación señor", le explicó el conserje. "¿Cómo? ¿Los productos del minibar no están incluidos en el precio de la habitación?", se quejó el huésped. Obviamente, la respuesta fue negativa. "Ah, bueno, si no es así, los devolvemos", dijo el hombre indignado mientras  abría un bolso y sacaba las bebidas, chocolates, papas fritas, cervezas, jugos, cereales y miniaturas alcohólicas que pensaba llevarse de recuerdo.